¿DUDAS DE
LO QUE TE CONVIENE?

¿Reformar o hacer obra nueva?

Cada uno tendrá sus razones y las valorará de manera diferente. La cuestión va más allá de un simple cálculo económico: también hay razones ambientales, sentimentales e incluso ecológicas. Intento repasarlas por encima.

Razones económicas

En general, no es rentable rehabilitar una casa, a menos que ya nos guste bastante como es y valoremos sus cualidades actuales.
Aun así, deberíais afrontar varias de las siguientes gastos:
• Consolidar la estructura (lo primero, si vamos a gastar dinero bajo ella)
• Revisar cubiertas y resolver posibles humedades
• Mejorar las condiciones de eficiencia energética
• Casi seguro intervenir en las instalaciones (tuberías y cables)
• Renovar cocina y baños
• Cambiar suelos y acabados superficiales

Necesitáis un arquitecto para tener una primera idea de dónde os metéis: cada caso es diferente y los constructores, antes de que tengáis un proyecto, algunos darán orientaciones de coste muy bajas, para no asustaros. Sin mencionar si queremos cambiar bastante la distribución, ampliar, etc. No dudéis de que, en este caso, no será rentable.

Razones ambientales

De acuerdo, la obra de rehabilitación no será mucho más barata que la de hacer obra nueva. Pero… ¿y si incluimos en el cálculo el precio del terreno? Si la casa vieja, que puede ser heredada, está situada en un lugar interesante, donde una parcela vacía costaría un ojo de la cara, surge una duda más grave: ¿Vendemos la casa familiar, su entorno consolidado, conocido y bien servido, y nos vamos a una urbanización? Casi todas las casas usadas están en lugares singulares, muy diferentes a una nueva urbanización. Visto al revés, resulta difícil, caro y, a menudo, complicado conseguir a buen precio una parcela en una zona interesante. La razón es que muy pocos propietarios de zonas “buenas” necesitan vender.

Razones sentimentales

Derivadas directamente de las ambientales, pero mezcladas con otros temas cuando se trata de la casa que ha vivido la familia tres generaciones o más. Para determinados espíritus sensibles, mantenerla en uso puede ser una misión irrenunciable. O no ya la casa, pero sí el barrio, el pueblo. En fin, a muchos de los lectores les parecerá que hablo de sentimientos casi extinguidos. Poca gente joven, en edad de “montar casa”, está ahora por estas cosas, inmersos como se sienten en la globalización que nos dispersa por este diminuto mundo.
Y aún hay…

Razones “ecológicas”

Dejar que todos los edificios del mundo se derrumben cada 80 años, intentar dispersar las montañas de residuos y realojar a la población creciente en nuevas viviendas, con el brutal impacto ambiental de la fabricación y transporte de materiales, es sencillamente insostenible.

En las grandes ciudades, derribar y reconstruir casi no se plantea, y los barrios que no se degradan por razones ajenas a la construcción se mantienen en uso durante siglos. Pensad en el paisaje urbano de Viena, París, y también Barcelona, Madrid, donde siguen en uso (y a valores muy altos) edificios de más de 100 años… convenientemente rehabilitados.